A-G
  Relatos Extraordinarios
 
SOL DE ACUARIO:   EXPERIENCIA ASTRAL.

De pronto mis ojos se abrieron y pude contemplar la belleza del lugar en que me encontraba, el sol color turquesa brillaba intensamente.
Camine hacia un arroyo y ahí encontré a un ser llamado Akuh que jugueteaba en el agua y reía fuertemente.
-hola- le dije. Y el me miro con sus grandes ojos cristalinos que parecían diamantes.
-soy Akuh, ¿quién eres tu?-
-¿yo?, pues soy alguien que viene de afuera-
-¿de afuera, de dónde?- me preguntó.
-pues de afuera de aquí-
-ji ji ji- rió Akuh tímidamente y su risita me sonaba a melodía deliciosa.
-aquí no es afuera ni adentro, aquí es aquí ¿entiendes?-
-eso creo- contesté, pero la verdad es que no estaba segura de entender.
-bien, ¿y cómo es ese "afuera" del que crees venir?-
-pues es muy parecido aquí, aunque el sonido es diferente, mi cuerpo es más pesado y parece que los colores y las formas también son distintas-
-¿no será más bien que tus oídos, tus ojos y tú cuerpo son otros?- pregunto Akuh analizándome bien de arriba a abajo.
-si, no lo había pensando, pero puede ser-
-¡ahora puedes volar¡, ¿quieres intentarlo?-
-¡si¡ ¿qué debo hacer?-
-vamos a lo alto de esa torre, sólo tienes que arrojarte y volaras, así comprobaras que tu cuerpo es un nuevo cuerpo-
seguí a Akuh hasta lo alto de la torre, una vez arriba note que algo surgía de la cabeza de el pequeño ser, observe mejor y vi un ojo abierto sujetado de una fibra blanca y delgada, el ojo estaba en forma vertical, no era un ojo común y corriente, flotaba ligero y emanaba una intensa luz, Akuh se percato de que lo observaba sorprendida.
-¿qué miras?- -el ojito, el ojito que sale de tu cabeza, que flota como un pececito en la pecera, y emana luz como una veladora-
Akuh sonrió. -ah, ¿este?- y apunto al ojito. -cuando pases más tiempo aquí lo tendrás tu también y nos miraremos a través de ellos, será divertido, seguro me dirás que ahora me ves desde acá, "adentro"-
Akuh tomo mi mano y saltamos, por un momento creí que era el fin de un sueño, de un maravilloso sueño que siempre termina cuando la aventura esta por comenzar, pero en realidad volábamos, podía sentir el viento en todo mi cuerpo.
-¿te gusta?- pregunto Akuh con una sonrisa gigante.
-claro, me encanta-
-podrás hacerlo las veces que quieras, me refiero a que podrás hacerlo aquí, sólo aquí, cada vez que vengas, lo haz ganado-
-¿volar, me lo he ganado?-
-llegar aquí ya es gran hazaña se necesita un cuerpo nuevo, voluntad y un gran corazón, tú tienes todo eso ó de lo contrarío no estaríamos hablando-

Volamos y volamos el cabello de Akuh se agitaba con el viento sus ojitos se cerraban con la fuerza del aire, que bello rostro el de Akuh, el color azul en su piel brillaba cada vez que un rayo de sol lo alcanzaba. Se le iluminaba la mirada y mi corazón se refrescaba en profunda paz.
Nos sentamos sobre una roca a contemplar el atardecer el gigantesco sol turquesa se ocultaba tras las montañas, el cielo color púrpura resplandecía en un tono más oscuro y sereno. Akuh se puso de pie y exclamó: -he aquí nuestro hermoso sol de acuario, rey de reyes, sol de soles que se postra en su santuario hasta el nuevo día-
Y se inclino ante el sol, como un gran guerrero que se inclina ante su rey después de haber ganado una batalla.
-y dime, ¿cuál es tú nombre?- Pregunto Akuh sentándose de nuevo.
-mi nombre es...-
-shh shh, no ese no- dijo Akuh sin dejarme terminar. -tú verdadero nombre ¿cuál es?-
-¿a qué te refieres con mi verdadero nombre?- -al nombre que siempre haz tenido y siempre tendrás, al nombre que los Dioses y las Diosas le dieron a tu ser-
-Akuh, me temo que no lo se-
-ven, vamos-
-¿a dónde me llevas?-
-vamos donde tu anciana, ella te lo dirá-
-¿mi anciana? ¿Qué quieres decir con eso?-
Akuh suspiro, tomo un poco de aire y me dijo: -todos tenemos un abuelo, un anciano que lo sabe todo de nosotros, por que ese abuelo ó abuela somos nosotros mismos, ¿entiendes?-
-en realidad no pero quiero conocerla-
Akuh de nuevo tomo mi mano y volamos en aquel hermoso firmamento color púrpura, atravesando las nubes y refrescándonos con el viento.
-aquí es- dijo Akuh y desde lo alto observe una pequeña cabaña, nos acercamos, Akuh dio tres golpecitos en la puerta y se dejo escuchar una dulce voz: -¿quién es?- -anciana abuela soy Akuh, he traído a tu cuerpo azul para que le reveles su verdadero nombre- La anciana abrió enseguida y me miró de abajo a arriba-
-así que eres tú, ¡vaya que brillas¡, hace tiempo te esperaba y ni tarda ni perezosa aquí estas- dijo la anciana mirándome con sus hermosos ojos color ámbar.
Contemplé la cabaña, tres pequeñas habitaciones, una mesita al centro de la sala, sobre ella un grueso libro de dura pasta.
-¿puedo acercarme?- Le pregunté y ella con su dulce y arrugado rostro, asintió. Observe el libro. -¡que raro¡- En verdad era el libro más raro que había visto, en la pasta tenía incrustada una gran máscara con la boca bien abierta, parecía el rostro de un antepasado Maya, pero la anciana resolvió mi duda al decir: -¡Atlántida¡ mi niña querida, es un Atlante- De pronto la boca del Atlante se abrió por completo y de ella salio un águila, yo me agache y me protegí el rostro con las manos. -tranquila, no pasa nada- dijo la anciana sonriendo -es mi querida Loomaha, mi águila guardiana- Y el ave salio por la ventana.
-y bien, haz venido a escuchar tú nombre verdadero, ven conmigo- Me tomo del brazo con su pequeña y blanca mano y me dirigió a una de las habitaciones, había una manta tendida en el piso de madera.
-siéntate sobre la manta- Hice lo que la anciana me pidió, ella se puso de rodillas, unió las manos y comenzó a cantar, no podía entender nada de lo que decía, pero que agradable fue su canción a mis oídos, su voz comenzó a marearme así que tuve que cerrar los ojos, comencé a ver figuras de intensos colores, iban y venían.
-ahora respira profundo- Me ordeno la abuela, y respire, sentí que me expandía dentro de mi misma...
La anciana me dijo al oído -ahora niña dime tú nombre- trate de recordar el nombre que mis padres había elegido, pero no pude recordarlo. -ese no querida, dime tú nombre verdadero-
El mareo era más intenso y me tumbe sobre la manta, respire de nuevo profundamente. Entonces aparecieron los Dioses, las Diosas y me hicieron recordar.
-Jandhara, mi nombre es Jandhara- abrí los ojos y me incorpore y vi a la viejecita de pequeña estatura, cabello largo y blanco acercarse a mi.
-Jandhara- me dijo, y me abrazo. En ese abrazo nos volvimos un solo ser, la anciana entró en mi.
-¡Akuh¡- Grité, grité tres veces -¡Akuh, Akuh, Akuh¡- El azulado y pequeño ser entro en la habitación, me miró sorprendido -¿y la abuela?- -esta aquí Akuh- Y señale mi corazón, Akuh sonreía y brincaba de alegría. Me levante y salimos de la cabaña sin decir palabra, nos tomamos de la mano y volvimos a elevarnos en el púrpura firmamento.
-y bien, ¿cuál es tú nombre?- -mi nombre es Jandhara-
-que bello es, me gusta-
-gracias a mi también me gusta- miré hacia abajo y alcancé a notar como la cabaña desaparecía en la distancia.
-con que Jandhara se llama la anciana- Dijo Akuh y le sonreí. -ahora, ¿a dónde vamos?-
-a observar las estrellas- Akuh me llevo a un hermoso castillo que flotaba entre las nubes.
-¿quién habita este castillo Akuh?- -un rey muy peculiar, el rey de tres cabezas- -¿tres cabezas? jamás escuche algo así- -yo lo veras, en el castillo hay un mirador muy especial el rey lo hizo construir como regalo de cumpleaños
para la reina Urania-
Akuh llamo a la puerta -¿quién llama?- -soy Akuh, he traído conmigo a alguien que viene de "afuera", ¿podemos hablar con el rey?-
La puerta se abrió, un ser muy alto y de traje rojo nos hizo pasar amablemente -adelante el rey esta en el comedor, se dispone a cenar-
caminamos por un largo pasillo, el piso de mosaico color dorado resplandecía con los rayos de luna que entraban por las ventanas.
-es oro puro- dijo Akuh al ver que miraba abajo. El rey se encontraba sentado en una gran silla de plumas blancas. Que extraño era todo esto para mí, un rey de tres cabezas sentado sobre una silla de plumas.
-son plumas de ángel- dijo Akuh leyendo mis pensamientos.
En ocasiones los ángeles se reúnen en este palacio, cantan y alaban al rey de tres cabezas, al rey del sol de acuario, le obsequian plumas de sus hermosas alas-
¡Claro de sus alas¡ ¿en dónde más podía tener plumas un ángel?. Pensé.
-en la cabeza, los ángeles tienen plumas en la cabeza en lugar de cabello- Akuh volvió a responder a mi pensamiento. No pude evitar reírme al imaginarme un ángel que en lugar de hermosos rizos dorados, tuviera plumas en la cabeza.
-te aseguro que son muy bellos, son los seres más hermosos que existen- dijo Akuh emocionado y simulando con la mano derecha las plumas en la cabeza.
Las tres cabezas del rey eran diferentes entre sí, una de color blanco y el cabello largo y rizado también del mismo color, la segunda color negro y la tercera amarilla, vestía una túnica color violeta y llevaba una gruesa cadena de oro con un hermoso sol turquesa colgando de ella, en cada cabeza una corona, la primera con diamantes, la segunda obsidiana y en la tercera topacio.
Frente a el se encontraba la reina, llevaba un hermoso traje azul zafiro y zapatillas color celeste, una capa color amatista. El cabello largo y rosado lo llevaba trenzado con un broche de mariposa color verde. La reina contaba con sólo una cabeza, pero tenía un tercer ojo en la frente, tres hermosos ojos en el rostro de la reina Urania, tres brazos de cada lado, seis largas y delicadas manos que se apuraban a servir la cena.
Una de las cabezas del rey nos miró de reojo -¡que alegría¡ tenemos visita- Akuh se acercó a ellos, se inclino ante el rey y luego ante la reina, yo le imité.
-es un placer verles de nuevo. Ella es mi amiga Jandhara, no queremos interrumpir la cena sólo queremos observar las estrellas-
-no están interrumpiendo nada, para nosotros es un placer tenerlos aquí, siéntense y compartan la cena con nosotros-
Akuh y yo nos miramos, los dos teníamos hambre, así que nos sentamos. Sobre la mesa había cuatro charolas, una con manzanas cubiertas con miel, en la otra zanahorias bañadas de mantequilla y en las otras dos delicioso pan tostado y galletas en forma de arco iris con azúcar en los siete colores: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, azul zafiro y violeta.
-antes de comenzar debemos agradecer- dijo el rey.
Urania aclaró su voz y dijo: -agradecemos al mago Eliezher por las dulces intensiones que contienen las manzanas, a la liebre Narun por las exquisitas zanahorias y a los gnomos de la aldea de Sekuth por el pan y las galletas arco iris-
Ambos, el rey y la reina aplaudieron tres veces y comenzaron a comer, cual fue mi sorpresa al ver que no habrían la boca y mantenían los ojos cerrados también.
-¿cómo es que se alimentan aquí?- pregunté a Akuh en voz muy baja. -observa y haz lo mismo-
Levantaban la mano derecha y atraían una manzana hacia ella, después la colocaban en la palma de la mano izquierda, aplaudían y listo, la manzana se desintegra. La reina Urania hacia esto con las seis manos al mismo tiempo. Akuh me explico que debía mantener los ojos cerrados solo así podría "ver" en mi interior, el amor y los dones que contenía cada alimento. Me explico que cada don permanecía en nuestro ser sólo por algún tiempo.
-por eso es tan importante comer, ¿entiendes?-
Lo intente con una de las galletas arco iris, cuando aplaudí sentí una fuerza entrar en mi mano izquierda, pude ver como los siete colores entraron, subieron por mis venas hasta mi corazón, después a mi garganta y al final salieron por mi cabeza cubriendo todo el salón.
-que bello es esto- dije emocionada, Akuh sonreía sin dejar de aplaudir.
Una vez vacías las charolas, Akuh pidió permiso al rey de dejarnos entrar al impresionante mirador que tanto me había nombrado el pequeño durante mi estancia.
-¡claro que si¡, adelante, vayan, vayan- dijo el rey entusiasmado y moviendo las tres cabezas de arriba a abajo -Eliezher los acompañará- y como por arte de magia el hombre alto con traje color sangre apareció en el salón.
Dimos las gracias y salimos tras Eliezher que sin decir palabra alguna caminaba de prisa por el largo pasillo de oro -aquí es- dijo por fin el hombre y volvió a desaparecer.
Nos encontrábamos frente a una gran puerta que al igual que el suelo en que permanecíamos de pie también era de oro puro -mira somos tú y yo con piel color dorado- dijo Akuh señalando nuestro tenue reflejo proyectado en la puerta con ayuda de un rayito de luna. Akuh abrió la puerta lentamente y con expresión de ocultar algo maravilloso me miraba -cierra los ojos- hice lo que Akuh me pidió y tome su mano, el me dirigió al centro de ese gran lugar.
-ábrelos ahora- mi sorpresa fue muy grande al ver la belleza de ese mirador -Akuh esto es increíble- y no puede evitar que las lagrimas salieran de mis ojos, Akuh estaba igual de emocionado que yo a pesar de haber estado ahí antes.
-este mirador es un universo, el universo del sol de acuario, el rey de tres cabezas es nuestro Dios, el lo ha creado. Es un universo nuevo tiene pocos años de vida, por eso esta tan cerca de nosotros, con una escalera puedes tocar las estrellas, o llegar a uno de esos planetas que ves ahí, pero conforme se vaya haciendo viejo se ira alejando cada vez más hasta fundirse con el universo de allá "afuera" y entonces tu y yo podremos escoger un nuevo planeta en donde vivir si así lo queremos-
Ese hermoso universo, aun no es infinito pero pronto logrará expandirse en la infinidad.
-soy muy afortunada al estar aquí contemplando toda esta belleza y todo gracias a ti Akuh- -que va, ¿gracias a mi? pero si yo no he hecho nada, gracias a tu ser por estar aquí, por haberte traído, debes ser más conciente de tu ser de ahora en adelante para que puedas volver muchas veces más-
Akuh y yo permanecíamos en el mirador toda la noche, inventamos juegos increíbles, mi pequeño y nuevo amigo me contó hermosas historias que espero nunca olvidar, así pasaron las horas sin sentir cansancio hasta que el primer rayito azul del sol toco mi rostro, comencé a desaparecer, sentía una fuerza que me elevaba.
-Akuh ¿qué pasa?- -es hora de irte- -¿no puedo hacer nada para quedarme?- -ahora debes irte, trabaja mucho para que puedas volver, debes estar atenta a tu ser, y jamás olvides tú verdadero nombre, el es la clave, la llave de todas las puertas-
En ese momento mi corazón se encendió y sentí un inmenso amor, mire los ojos de Akuh que se despedían pero no para siempre, después eleve el rostro y contemplé el hermoso sol de acuario permanecí con la vista fija en el y respiré...
al exhalar me encontré de nuevo acá "afuera" puse las manos sobre mi corazón y pude sentir a Akuh.
-Jandhara, puedo recordarlo, y te prometo nunca olvidarlo Akuh, lo prometo-
Se que Akuh me escucha y yo puedo sentirlo siempre que cierro los ojos y pienso en el hermoso sol turquesa que se postra en su santuario hasta el nuevo día.
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LA GRAN OBRA:  EL CLUB DE LOS JARDINEROS 
 
La escena es imponente, toda la tierra aparece blanca, cubierta de un grueso manto de nieve, no hay ni una hierba, ni un árbol que recuerden al viajero que tales cosas existen; sólo la blancura perdiéndose en el horizonte. Desde lejos el viajero se destaca como un punto negro en aquella inmensidad, pequeño, solo. Pero acerquémonos a él, algo muy importante lo debe haber llevado hasta este paraje, una fuerza superior lo debe sostener pues solo un corazón muy valeroso puede atreverse a enfrentar estas soledades.
Escuchemos lo que piensa, unámonos a él en este difícil peregrinaje.
- Dame fuerzas mi Dios, no me abandones, muchos días llevo en este sendero y sólo encuentro soledad, frío, desesperación. .. ¿Habré equivocado el camino? ¿Me habrá engañado la voz que escuché?  Mi visión cada vez se acorta más, la niebla y el viento blanco me cierran el paso, pero mi determinación está tomada, si no encuentro lo que busco aquí quedaré. Cuando se ha visto por un instante la luz, no se puede vivir ya sin ella.
Así pensaba el viajero mientras con paso cada vez más débil seguía la difícil ruta. La nieve se arremolinaba ante él, lo envolvía como queriéndole de tener para que no llegara a su meta. De pronto su pié resbala, su cuerpo cansado, agotado cae. Queda postrado de rodillas en el suelo inmaculado, sus ojos ya casi no ven, la desesperación va ganando su corazón. Pero entonces el viento barre un poco las brumas que lo envuelven y allí, algunos pasos más adelante hay algo.
Primero un contorno borroso que se confunde con la blancura de la nieve pero no cabe duda, allí está lo que el viajero buscaba.
- Gracias Dios mío, no me has abandonado.
Se levantó lentamente, ya no sentía el cansancio, las dudas se habían disipado. Avanzó sin prisa, extasiado, a su paso la fina ventisca se iba abriendo dejando ver una alta muralla que se perdía hacia ambos lados.  Frente a él se destacaba un Portal de gruesas maderas. Nuestro viajero se arrimó cauteloso, tras unos instantes de vacilación se irguió y con decisión golpeó una, dos, tres veces.
Luego el silencio, la espera. ¿Le recibirían? ¿Lo considerarían digno? Todo era tan desolado, tan desierto que llegó a preguntarse si realmente alguien viviría allí.
El frío se hacía sentir cada vez más y la duda también. El tiempo transcurría y nada, ¿Llamaría nuevamente? Ya lo iba a hacer cuando percibió un leve crujido y vio que una pequeña ventana se abría. A través de ella pudo ver un par de ojos que lo observaban atentamente. Luego sin mediar palabra se volvió a cerrar y después la gran puerta se entreabrió, pesada, lenta, tal vez hacía mucho tiempo que no se abría. La nieve acumulada en sus rincones cayó sorda al piso.
De este lado el espacio era inmenso, el sol brillaba esplendoroso, iluminando bellos jardines; reinaba una armonía que se podía oler, palpar, respirar. Todo estaba rodeado de caminos bellamente trazados por entre las plantas y las flores.
En los lugares más apartados se veían cómodos bancos que servían de reposo y lugar de meditación a los monjes que allí vivían. Se percibía un silencio muy especial en el que se escuchaba algo indefinido. Tal vez una melodía.
Era un silencio lleno de vibraciones calmantes, relajantes.
A lo lejos se divisaba un grupo de casas blancas con grandes galerías. Por  ellas iban y venían los habitantes dedicados a sus tareas, lentamente el viajero cobró conciencia de sí mismo, entonces buscó alrededor alguien a quien dirigirse. Nadie había cerca. Comenzó a caminar por un sendero y de nuevo tuvo esa sensación de irrealidad interior, pues las distancias tenían distinto significados aquí dentro. De pronto lo que parecía estar cerca, se alejaba cuando él trataba de arrimarse.
En un recodo del camino, sorpresivamente, se encontró con un anciano que con gran atención estaba trabajando la tierra. Nuestro viajero se detuvo esperando que aquel se percatara de su presencia, pero pasaron los minutos y el viejito seguía concentrado en su labor, cuando ya no pudo soportar más la situación, el viajero tosió suavemente.
 Ejem, ejem, ejem.
Pero nada, entonces no tuvo más remedio que interpelarlo.
- Buen hombre ¿Puedo interrumpirle un momento?
El anciano lentamente se volvió apoyando su herramienta en un arbusto. Luego sus ojos se clavaron en el rostro del viajero. ¡Pero que ojos Señor! Nunca en su vida nuestro hombre había visto ojos iguales, mirarlos era como mirar al cielo, allí cabría un universo de belleza, de poesía, de amor. La dulzura que emanaba de ellos embriagaba, casi hacían doler el corazón. Había en ellos una vibración tan especial que nuestro viajero casi cae al suelo de rodillas.
- Disculpa hermano, no te había oído llegar. Ocurre que cuando cuido mi jardín me concentro tanto en el trabajo que olvido todo lo que me rodea.  Discúlpame te lo ruego.
- Señor. Soy yo quien le pide disculpas, pero soy nuevo aquí y estoy desorientado.
- Si. Ya veo que eres nuevo aquí.
- Recién acabo de llegar o al menos eso es lo que creo, pues he comenzado a dudar de mis sentidos externos.
- Tienes razón. Mira esos muros, ellos separan dos mundos, aquí adentro la realidad es distinta de lo que se llama comúnmente realidad. Aquí es Realidad. Allá solo apariencia. Pero dime ¿qué andas buscando por estos parajes tan apartados y hostiles?
- Bueno, yo busco sabiduría, busco a Dios.
- Vaya, vaya, pues sí que te has propuesto algo difícil. ¿eh? muy difícil.
- ¿Usted podría ayudarme venerable anciano? Estoy como perdido. Soy nada más que un forastero y no sé que debo hacer.
- Nadie es aquí un forastero, todos somos hermanos, todos somos uno y en nuestra aparente multiplicidad todos sufrimos y nos alegramos con todo.
- Ah. Que hermosas palabras dice. Me traen gran consuelo, pues mi corazón está destrozado por las luchas y los errores que he dejado tras esos muros.
- Debes tener presente que esas luchas y esos errores que tú mencionas son indispensables. Son parte de la enseñanza. Sin esas experiencias no hubieras tenido fuerzas para llegar hasta aquí. Es más, me atrevo a decirte que el guardián no te hubiera admitido si no hubiese visto en ti las heridas y las huellas que dejan esas luchas.
- Pero yo me siento tan pequeño ante su presencia, me considero indigno de estar aquí.
Usted en cambio se ve tan limpio, tan inmaculado.. .
- Detente hermano forastero, no atormentes inútilmente tu mente y tu corazón. Yo también he luchado y he caído mil veces.
- ¿Usted? ¡no lo puedo creer! ¡No se le ven cicatrices!
- Claro. Lo que ocurre es que cuando se trabaja duro y en el sentido correcto las cicatrices desaparecen. Es como si tomaras un nuevo cuerpo purificado, sublimado por el fuego del dolor.
- Le puedo asegurar que mucho he sufrido, pero no obstante siento todavía que muchas impurezas llenan mi ser.
- Sucede que existen dos medios por los cuales aprendemos las enseñanzas de la vida. Uno de ellos es el "dolor" que purifica pero que es muy lento.  Enseña, sí; pero muy despacio. Es el camino que transitan los que viven en el mundo del que tu vienes, por eso le llaman un valle de lágrimas. ¿Entiendes?
- Sí, pero ¡Y cuál es el otro camino?
- El otro es más difícil de explicar, cuesta más comprenderlo. EL OTRO CAMINO PARA APRENDER, PARA ACERCARNOS A DIOS es el camino de la "Consciencia Despierta".
- ¿La Consciencia Despierta? ¿Y cómo? ¿Cómo es eso?
- Es difícil, ya te dije, solo puedo agregar que el que encuentra este camino, el que despierta su consciencia ya no necesita más sufrir. El dolor deja de ser su maestro para serlo ahora la "Comprensión de las leyes cósmicas", de allí en mas esa es la guía.
El hermano forastero admirado ante la sabiduría de este humilde jardinero sintió prisa por obtener toda la sabiduría que adivinaba se encerraba en aquél lugar. Cual no sería la sabiduría que podría obtener de los maestros de aquél monasterio si el simple jardinero sabía tanto.
El anciano suspiró profundamente, tal vez leía el pensamiento de aquel hermano viajero. Con un semblante amable. Pero que de pronto parecía algo cansado le dijo:   - Amable hermano, ¿Te gusta la Jardinería? porque yo solamente puedo enseñarte eso, a trabajar la tierra, a cultivar un jardín, a trabajar con los elementos de la naturaleza; compréndeme.
- Bueno, en realidad yo he caminado mucho y he afrontado verdaderos peligros en busca de conocimientos, Perdóneme, pero esa es la misión que me impulsa.  No quiero herirle, amado hermano, comprendo que cada uno tiene aquí una misión especial.
- Así es, hijo Así es.
- Al llegar vi hermanos enfrascados en profundas reflexiones, concentrados en graves problemas; creo que eso es lo que busco, la sabiduría al más alto nivel.
- Tienes razón, por ahora ese es tu camino, tal vez más adelante te interese esto.
- Me informaron que aquí, en este lugar santo estaba guardada toda la más grande sabiduría, me dijeron que vuestro superior tenía toda la sabiduría arcana, todos los secretos y eso he venido a buscar. Ese es el camino que entiendo debe llevar a Dios.
- Tienes razón nuevamente. Ese es tu camino. Mira, ¿ves aquellas casa blancas sobre la colina?
- Ah. Si, Si.
- Bien , ve allí. Tal vez entre sus paredes encuentres lo que buscas. Hay muchos hermanos dedicados a esos estudios, y si eres digno y si te esfuerzas por alcanzar la sabiduría, tal vez puedas ver a nuestro superior, el Gran Maestro.
- Gracias hermano. Espero... espero que no esté enojado conmigo.
- No tengas cuidado, y ya sabes, yo sólo soy el jardinero.
- Le prometo que si algún día tengo tiempo vendré para que me enseñe a cuidar el jardín y adornarlo con lindas flores.
- Te espero. Trata de hacerte un lugar; da muchas satisfacciones trabajar la tierra, plantar semillas, verlas germinar, crecer, ver como se convierten en árboles, en flores... ve hijo mío, ve con Dios, que mi corazón te acompañará también.
El hermano forastero se despidió amablemente del anciano, y con paso presuroso se encaminó al grupo de casas blancas. A lo lejos, el anciano se había inclinado nuevamente sobre sus queridas plantas y trabajaba pacientemente, humilde, silencioso.
Mientras más rápido caminaba, más lejos parecía su destino. Extrañado aflojó el paso, se acomodó al ritmo de los que allí vivían y cosa rara, mientras más despacio iba más se acercaba a su meta. Esta fue la primera lección que recibió en aquel extraño lugar.
Finalmente se instaló allí, muchos meses pasó el viajero estudiando.
Profundizó las matemáticas que él ya dominaba pero conoció el lado místico de los números, su significado oculto. Se instruyó en el arte de curar que también conocía pero estudió y comprendió como funcionan las Leyes Cósmicas a través de la naturaleza. Practicó luego las Artes en ese estado de exaltación que da la visión mística.
Participó en fin, de innumerables clases, foros y experiencias alcanzando gran sabiduría. Ya concluidos todos los estudios el hermano forastero se consideró listo para solicitar una entrevista con el Gran Maestro, llamó entonces al guía quien se presentó presuroso.
- Amado hermano, creo que ya he profundizado todas las enseñanzas que se dan aquí, creo estar preparado.
- Bien, pero antes quisiera preguntarte algo muy personal.
- Pregunta hermano, pregunta.
- Quiero que me respondas con absoluta sinceridad pues esto es fundamental.
- Si, Si. así lo haré.
- Dime hermano. ¿Cómo te sientes con respecto a Dios?
- ¿Qué cómo me siento con respecto a Dios? no entiendo.
- Así de sencillo es. Cómo te sientes, ¿Más cerca de El?, ¿Más cerca del fin?
- ¿Más cerca del fin?
El rostro del forastero se había ensombrecido, ya no irradiaba tanta seguridad, miró al hermano guía que lo contemplaba lleno de amor y comprensión, ciertamente aquél hermano era sabio y había tocado en lo profundo de su corazón. El día era claro fresco, trasparente. La armonía del lugar hacía presentir la presencia de Dios en cada cosa, en las flores, en las aves, en la brisa. Todo era un canto de alabanza para el creador.
El guía retomó la palabra.
- Si hermano. ¿Cuál es nuestra meta? ¿Para qué caminamos? y ¿Hacia adonde caminamos?
- Si ya sé. No digas más. Comprendo.
- ¿Y bien?
- Te responderé como lo has pedido, con sinceridad. Pensé que aprendiendo lo que me enseñaban aquí me acercaría a la perfección, me elevaría hacia Dios.
Pero te lo confieso con pesar, estoy un tanto desilusionado. No me siento como tu has dicho, más cerca de Dios. Lo lamento mucho pero creo que he fracasado.
- Bien, muy bien.
- ¿Cómo dices? ¿Bien? ¿Acaso te burlas de mí?
- No al contrario, digo bien porque así es. Si tu respuesta hubiera sido otra, si te hubieras manifestado conforme con lo que has aprendido nada más podríamos haber hecho por ti. Pero en cambio si te sientes realmente disconforme con el camino seguido o con los resultados obtenidos, entonces si podremos trabajar en serio.
- ¿A trabajar en serio? ¿Y todo lo que he estudiado y aprendido en estos largos meses?
- Eso es sólo la preparación, recién ahora comienza el verdadero trabajo, aquello preparó la tierra para poder recibir la semilla.
- Quieres decir que todavía no estoy listo para ver a nuestro superior.
- Exacto, todavía no es el momento.
- Y bien, dime que debo hacer ahora, porque ya he recorrido todas las aulas, todos los estudios, todo lo que se enseña aquí.
- No todo. Ahora viene lo más difícil. Debes aprender Jardinería.
- ¿Jardinería ?
- Si hermano, jardinería. El que no sabe cultivar su jardín, no puede verlo a El.
- Me dejas perplejo.
- Sólo será por poco tiempo, pues en cuanto hables con el maestro jardinero comprenderás lo importante de ese trabajo, de ese arte.
- Está bien hermano, mi decisión es inquebrantable, mi meta es llegar a El, obtener la iluminación, no cejaré en mi empeño.
- Bien, eso es lo que nos gusta de ti, pues muchos flaquean ante estas pruebas de paciencia y de humildad.
- ¿Qué debo hacer hermano guía?
- Mañana, con las primeras horas del alba preséntate ante el hermano jardinero y dile que vas para que te enseñe a cultivar el jardín. Dile textualmente: "Maestro he encontrado tiempo para dedicarme a cultivar mi jardín" El comprenderá. Te deseo mucha suerte, pues la tarea no es fácil pero el premio bien justifica el esfuerzo.
- Gracias hermano.
El guía se alejó con paso cadencioso, todo en él irradiaba armonía. Nuestro amigo lo miró alejarse, la tarde comenzaba a declinar, era la hora propicia para la meditación y bien que la necesitaba ahora más que nunca. Su mente trabajaba febrilmente, quería comprender.
La mañana lo sorprendió casi sin haber dormido, se levantó presuroso, hizo sus trabajos místicos y partió ansioso hacia el lugar donde tantas veces conversara con el jardinero. Quería llegar antes que él para observar el jardín, ver si descubría algo especial que lo guiara. Llegó al lugar cuando todavía no se borraban las últimas estrellas. El rocío perlaba ricamente las plantas y las flores, había un mágico encanto en aquella hora que precedía a la salida del sol. El silencio solo era roto por un acompasado y rítmico golpe.
Nuestro amigo quedó sorprendido pues allí estaba el anciano trabajando, encorvado sobre la tierra.
- Buenos días hermano jardinero, vengo a decirle que he encontrado tiempo para dedicarme a cultivar mi jardín.
Ante estas palabras el anciano quedó quieto, estático por breves momentos, luego se irguió en toda su estatura. No era ni tan pequeño ni tan viejo.
- Bienvenido aprendiz de jardinero. Me alegro que hayas encontrado tiempo para aprender este difícil trabajo.
- Pero Maestro ¿no descansa Ud. nunca?
- No. Una vez que comienzas a trabajar la tierra y cultivar el jardín no puedes descansar jamás, debes dedicarle todas las horas del día y más aún. Ya comprenderás porque es así.
Ocurre que la tierra se vuelve fértil y todo, incluso las malezas pueden prosperar más rápidamente. Hay que trabajar mucho.
- Realmente no comprendo todo esto, para qué me servirá aprender a cultivar la tierra
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- Primero debemos saber cuál es la tierra que vamos a cultivar, eso es lo fundamental; pero,ahora perdóname un momento, espera que luego seguiremos conversando. Tengo que arrancar esas malas hierbas que crecen por todos lados. Ven, ven aquí, arrímate, observa ¿Ves? debes aprender a defender tu jardín de estos hierbajos.
- Pero no veo nada extraordinario, maestro.
- Hum, claro, porque ahora son muy pequeños pero si los dejas crecer pronto esta cizaña tapará y sofocará las más bellas flores del jardín, hay que arrancarla de raíz porque es muy peligrosa.
- ¿Y cómo se llama esta hierba?
- Esta hierba arruina muchísimos jardines, ¿sabes? se llama ORGULLO.
- ¿Orgullo?
- Si, orgullo.
- Oh, no. Que ciego he sido todo este tiempo.
- No te reproches hijo mío. Las enseñanzas llegan a su debido tiempo, antes no habrías comprendido nada. Es como dice el refrán: "cuando el discípulo está listo, el maestro aparece".  Sin embargo, si eres buen observador, podrás apreciar que el maestro siempre está presente. Lo que pasa es que no lo vemos, pasamos a su lado y no lo reconocemos.
- Tiene razón. Y esto me trae a la memoria que en una conversación anterior usted mencionó que hay dos caminos para aprender. Uno era el dolor, y el otro era... era el despertar de la conciencia. ¿Por qué no me habla más de esto último, que es el despertar?
- Simplemente eso, despertar, estar alerta.
- Sí, pero ¿alerta de qué?
- Allí está la clave recuerda que yo soy el jardinero de mi jardín y tú debes ser el jardinero de tu propio jardín; nadie puede cultivar la tierra ajena y tú ya has adivinado de que jardín y de que tierras se trata. Bien, escucha hermano forastero, debemos estar atentos, alertas, vigilantes para seleccionar las semillas que plantamos en nuestro jardín, en nuestra mente, pues esta tierra es muy fértil y cualquier semilla, ya sea que la traiga el viento o la arroje algún mal intencionado, cualquier semilla te repito crecerá fuerte y lozana y por eso hay que vigilar.
- Comprendo sus palabras hermano jardinero, es sin duda una labor difícil pero esta es la clave para acercarnos a Dios.
- Así es debemos cultivar nuestro jardín interior, nuestra mente, pues de allí saldrán nuestras flores, las que obsequiaremos a Dios y que a El tanto le agradan.
- En qué puedo ayudarle.
- Por hoy es bastante, retírate ahora a la soledad y medita sobre todo lo que hemos hablado, mañana seguiremos.
Profundas meditaciones ocuparon la mente de nuestro hermano forastero. Un amplio panorama se abría ante él. Esa noche en sueños se vio trabajando afanosamente la tierra, era dura, reseca, por momentos no cedía a los golpes de la azada; estaba empapado, sudoroso por el esfuerzo, las malezas lo querían aprisionar y el luchaba desesperadamente.
 Cuando despertó, el cuerpo le dolía a tal punto que dudó de que aquello sólo hubiese sido una pesadilla. Es tan difícil separar lo real de lo imaginario. Presuroso se encaminó al jardín del maestro, lo encontró sentado, pensativo.
- Buenos días, maestro.
- Buenos días hijo.
- Me extrañó no escuchar el golpe de su azada.
- Hey, mira de vez en cuando es bueno y necesario para ver los resultados del trabajo, indispensable apartarse un poco del escenario del mundo con sus ruidos y ver y observar los resultados como si fuéramos extraños, analizar las plantas que han crecido, ver los colores de las flores, en fin analizar y meditar sobre todo lo que se ha estado haciendo.
- Ah¡ Maestro. Si usted supiera que noche he pasado, he tenido una pesadilla terrible, cuando desperté, estaba como apaleado, adolorido.
- Y así tiene que ser hijo, no sólo en el día trabajamos en el jardín, de noche también, y es en ese momento cuando podemos recibir ayuda o instrucciones especiales. La labor es inmensa, pero también la ayuda que recibimos es grande. Los maestros jamás nos ponen pruebas que sean superiores a nuestras propias fuerzas.
- Cada vez estoy más maravillado.
- Bueno mira, ahora quiero llevarte a que mires un jardín, ven acompáñame.
Ambos cruzaron un inmenso patio, atravesaron largas avenidas bordeadas de hermosos árboles multicolores, hasta que se detuvieron ante un bello jardín.
- Mira este jardín ¿te gusta?
- Si, realmente tiene flores preciosas y una distribución muy armoniosa.
- Hum, este es tu jardín aquí trabajarás.
- ¿Este es mi jardín?
- Si, aquí se reflejará el trabajo que tú hagas en tu mente, así tu trabajo adentro se reflejará aquí afuera.
- Amado Hermano, que privilegio tenerlo a usted de maestro en esta labor.
El hermano forastero, en un arrebato de amor, tomó la mano del anciano y la besó, los ojos del maestro brillaron de forma muy especial por un instante, envolviendo al discípulo en una luz imperceptible para los mortales.
Por fin el Maestro le dijo:
- No olvides que el trabajo lo debes hacer tú sólo; yo te indicaré las técnicas pero el resto es tuyo. Debe salir de adentro. Allí está el verdadero maestro, ese si que es un gran jardinero.
- Por favor indíqueme por donde comenzar.
- ¿Dime, qué es lo que ves aquí en el jardín?
- Veo bellas flores distribuidas por doquier.
- ¿Sabes qué son esas flores? son tus conocimientos, pero hay algunas flores cuyos colores no me gustan del todo. ¿Ves aquéllos claveles de color rojo encarnado? Eso representa una pasión dominante que afea un poco la armonía del conjunto. Debes trabajar hasta que esa planta dé flores de color blanco o de un rojo más suave. Hum, y aquí hay más; de que le sirve al hombre por ej. cultivar el arte de la música, un arte sublime que eleva hasta los cielos. ¿De qué le sirve si lo empequeñece con sus pasiones mundanas de orgullo, vanidad o egoísmo? esos son los colores que tienen algunas de tus flores, colores de envidia, colores de duda... Por eso se puede tener mucho conocimiento y estar sin embargo lejos de Dios.
- Maestro estoy muy apenado, me siento indigno de estar aquí, de estar junto a usted.
- ¿Por qué? ¿Por lo que te he dicho? no hijo, no. Lo que ocurre es que hay que trabajar duro para purificar y embellecer esto, para eso estamos aquí en la tierra, la mayoría de las veces no nos damos cuenta de la maleza que ahoga a nuestras rosas. Son tan propias del jardín que hasta que no nos tropezamos con ellas y nos golpeamos, no las vemos, o sea no tomamos conciencia de esos defectos. ¿Quien se llama a sí mismo orgulloso, cruel?, nadie. Todos se justifican diciendo: no soy orgulloso, yo realmente valgo más que los demás, no soy egoísta pues esto lo gané y es mío, no soy cruel, sólo justo ¿ves? ah¡ si, la maleza se oculta muy hábilmente.
-¡Cuanta sabiduría hay en sus palabras!
- Pero muchas más encontrarás ahí dentro, en tu pecho.
- Bueno, eh, ¿por dónde comienzo? la tarea se me ocurre gigantesca.
- Creo que por hoy tienes bastante. Retírate nuevamente a la soledad y medita sobre todo esto, pero antes quiero que escuches la palabra del jardinero más grande que ha pasado por estas tierras, le llamaban Jesús, el hijo de María. El dijo sabiamente: "Hay muchos árboles, no todos dan frutos, hay muchos frutos, no todos se pueden comer". Muchos también son las clases de conocimientos, pero no todos tienen valor para los hombres.
En la soledad del bosque pasó todo el día el hermano forastero, cada árbol, cada flor, cada pájaro adquiría nuevo significado, una nueva dimensión. Otra noche soñó, en unos momentos lloró y cuando despertó su almohada estaba mojada y sus ojos rojos. El jardinero interno había estado trabajando toda la noche.
Mucho tiempo trabajó en su jardín bajo la mirada atenta de su maestro. Poco a poco las flores fueron cambiando de colores, los bajos deseos, fueron siendo reemplazados por deseos altruistas, cada vez se unía más a Dios, cada vez se desprendía más de lo superficial y mundano.
Un día consultó afligido a su maestro:
- Maestro estoy un tanto confundido, han comenzado a salir algunas hierbas que no conozco, o sea que no he plantado, ¿Qué significa esto?
- Ya te lo expliqué una vez, eso significa que en nuestro jardín no solo crecen las semillas que nosotros plantamos, sino que cualquier semilla puede prosperar en la tierra fértil ya sea útil o nociva, por lo tanto debemos estar atento a lo que entra en nuestro jardín. Ya puede por el aire ocasionalmente o ser arrojada por un vecino; insisto debemos seleccionar y controlar la calidad de la semilla. En nuestra mente alguien susurra un  pensamiento y enseguida éste cobra vida propia y luego si es nocivo debemos luchar para arrancarlo, por eso hay que estar siempre pendiente.
- Hum... otra cosa maestro. He seguido todas sus instrucciones y sin embargo algunas plantas crecen raquíticas y con sus hojas amarillentas ¿En qué me habré equivocado?
- ¿Has removido bien la tierra?
- Si.
- ¿Y has regado bien los tiernos brotes?
- Si, si.
 - Entonces veremos que es lo que anda mal. Ajá eso es ¿ves esos árboles que rodean tu jardín? son tan frondosos y tienen tantas ramas que no dejan pasar el sol, y sin sol las plantas no prosperan. Esos arboles simbolizan las ciencias mundanas que llenan tu mente, hay muchos conocimientos que a veces nos impiden ver la realidad, nos impiden ver la luz. Debemos podar esos arboles para que dejen pasar la luz; por eso, a menos que seamos puros e inocentes como los niños no podremos entrar al reino de los cielos.
- Pero eso significa que debo derribar esos arboles? ¿Significa que debo vivir en la ignorancia?
- No, Hijo, no. Sólo debes podar las ramas que impiden la entrada de la luz y del aire. Una vez que hayas alcanzado la verdad por otro camino, el interior, verás como se junta con el de la ciencia y como ésta cobra otra dimensión y otro significado diferente del que antes tenía.
- Mucho he de meditar sus palabras para comprender a fondo la verdad.
- Pero recuerda en última instancia esto: Las plantas reciben la vida del sol, símbolo de la luz y nosotros también dependemos de la voluntad infinita de Dios para progresar en el sendero.  Por esto siempre debemos confiarnos a su omnipotencia, sin El nada somos.
- Antes de irme, una última consulta Maestro. El otro día una bandada de pájaros invadió mi jardín, eran horribles, de un aspecto feroz y arrancaron flores y se comieron muchas semillas. De seguir así pueden destrozar mi jardín. ¿Qué hago? ¿Debo defenderme?
- Hijo mío, si tratan de destruir tu jardín debes luchar valientemente empeñando la vida en ello, a toda costa debes ahuyentarlos, debes comprender que ellos no tienen ningún poder sobre ti, tienen solo el poder que tú les des. Esos pájaros son las ideas y los pensamientos negativos, la superstición y la ignorancia que nos sumergen en las tinieblas, son los fantasmas que tratan de deformar nuestros propios conceptos. Aléjalos de tu  jardín, no tienen poder sobre ti si tú no selos das. Ten siempre presente que no podemos impedir que bandadas vuelen sobre nuestro jardín, pero lo que si podemos es impedir que hagan sus nidos en él. Reflexiona sobre todo lo que hemos hablado, saca tus propias conclusiones y lo más importante, aplícalas a la vida diaria.
Mucho trabajó el hermano forastero en su jardín. Poco a poco se fue produciendo un cambio en él. Las flores de su jardín eran blancas, azules, puras, esbeltas, casi no había ya malezas en su tierra. Una paz inmensa y una gran armonía con las leyes cósmicas iluminaban su rostro. La impaciencia que antes le dominara, la envidia que alguna vez le atormentaba, la duda, el egoísmo, todo había sido trasmutado, purificado.
El Maestro que seguía atentamente el progreso de su discípulo le habló así cierto día.
- Querido hermano forastero, has hecho grandes progre sos, has aprendido a cultivar tu jardín. Creo que ya está muy cerca el día en que tu más caro anhelo será satisfecho.
- ¿Se refiere a mi entrevista con el gran maestro?
- Si, te he observado y he comprobado que has purificado lo suficiente tu cuerpo como para poder resistir su presencia. Deberás por lo tanto prepararte durante tres días. Harás ayuno, meditación y entonces visitarás la Catedral de los Sonidos. Pero para todo esto te espera un guía.
- ¿Y ya no trabajaré más junto a usted?
- No. Ahora debes seguir solo el camino. Esta es nuestra despedida.
- Pero yo todavía no me considero preparado, eh... quisiera quedarme más a su lado, un tiempo más.
- Querido hermano, ya sabes lo necesario. Ahora tu misión será viajar por el mundo tratando de arrojar semillas en los jardines que encuentres a tu paso.  Comprende, serás un nuevo sembrador, uno más de los que andan silenciosos trabajando para el gran jardín del Señor.
- Maestro, lo extrañaré mucho.
- Yo también querido hijo, pero cada uno tiene su misión en la vida y debemos cumplirla cabalmente aunque queden en el camino jirones de nuestra propia carne. Ya se acerca tu guía.
- Por favor su bendición.
- Hijo, no tortures más nuestros corazones.
El discípulo se había postrado a los pies del Maestro. El anciano hizo un signo sobre la cabeza del discípulo, luego colocó sus dos manos sobre los hombros y elevando su mirada al cielo murmuró: "Señor protéjelo" Luego ayudó a levantar al hermano forastero. En el aire sepercibía una intensa vibración que parecía salir del pecho del maestro; de sus ojos brotaba una dulzura arrolladora. Los arboles mecieron sus hojas agitadas por extraña brisa, parecían despedirse de su amigo. El perfume de las flores se esparció con más  fuerza por todo el lugar.
En el jardín del discípulo un capullo de rosa se abrió inmenso, rojo, como el fuego abrazador del amor que ardía en aquellos corazones. El guía le tomó suavemente de un hombro y lo condujo hasta sus habitaciones. Allí permanecería el hermano forastero preparándose sumido en profunda meditación y contemplación. Su alma estaba extasiada como si hubiera traspuesto un umbral hacia una nueva dimensión. El tiempo carecía de significado. Al cumplirse el tercer día el guía se presentó nuevamente.
- Hermano, te conduciré ahora a la Catedral de los Sonidos. Allí terminarás tu purificación y entonces estarás listo para la magna asamblea.
- Te sigo respetable guía.
- En la Catedral sentirás con todo tu ser, sonidos muy especiales. Allí recibirás vibraciones que elevarán tu alma hasta un estado especial en que podrás comulgar con los Maestros Cósmicos tanto como te lo permita tu propia naturaleza. En algún momento puedes sentir cierta aprehensión, cierto temor, pero pronto pasará. Que nada turbe tu paz interior. Allí está en aquella suave colina, acércate lentamente para permitir que tu estructura molecular se armonice con las vibraciones. Es más fácil, ya verás. Ellos serán tus guías.
¡Paz Profunda!.
- Paz Profunda hermano.
 Lentamente se encaminó hacia la colina.  El lugar era imponente. Lejos, a cada costado de la escena, unos pequeños bosques interrumpían la ondulante línea de la colina, y en su centro, majestuosa, radiante, la Catedral de los Sonidos. Desde lejos parecía una semiesfera de marfil con una aguja en su centro apuntando directamente al cielo.
Al irse aproximando nuestro amigo, percibió algo semejante a un coro gigantesco. Una onda de vibraciones salió a su encuentro, chocó contra su pecho,lo paralizó. Una voz interior le dijo que se detuviera por unos momentos.  Luego la presión disminuyó entonces volvió a avanzar lentamente.
Los sonidos se percibían cada vez con más fuerza, las vibraciones envolvían el cuerpo, le hacían tremolar junto con ellas. Un estado indescriptible se apoderó de él. Los sonidos subían y bajaban rítmicamente, parecía como si el corazón del universo latiera allí, en esa catedral. Por momentos parecía como si su cuerpo se disolviera en aquella atmósfera.
Cerca de aquélla semiesfera comprobó que lo que antes tomara como una aguja apuntando al cielo, no era sólida, era pura energía, energía que subía y bajaba del cielo a la esfera y de la esfera al cielo en constante flujo.
 Nuestro amigo no percibió puerta o abertura alguna para entrar pero no obstante siguió avanzando, como atraído por mágico encanto. Los sonidos le habían embriagado, le parecía que la esfera tampoco era sólida. Continuó avanzando lentamente y penetró dentro de ella. Allí los sonidos ya casi no se oían, más bien se percibían como una sensación vibrátil en todo el cuerpo y finalmente se concentraba en el centro de la cabeza. Una luz potente y que a la vez no dañaba sus ojos, lo rodeaba, lo penetraba. Todo era luz, no podía ver otra cosa que no fuera luz.
Se le antojaba que era casi corpórea, como si fuera una nube luminosa que desdibujaba hasta sus propios contornos, su cuerpo parecía perder densidad, sólo su mente conservaba su identidad, era una extraña comunión con el todo.
No sabía si veía, si eran imágenes reales o solo un producto de su fantasía, pero delante suyo, tal vez cerca, tal vez lejos, se dibujaba una mesa con blanco mantel. Sobre ella, contrastando con su blancura, una mancha roja. Quiso avanzar pero una fuerza lo contuvo. Esperó allí, extasiado con una armonía como jamás había experimentado.
Los sonidos alcanzaron un punto máximo y luego fueron bajandode intensidad. Un gong grave, profundo, sonó al tiempo que se abría algo como una puerta. El corazón del hermano forastero se detuvo anhelante. Por aquella puerta aparecieron en prolija fila seres que más que hombres parecían ángeles luminosos. Estaba viendo, sintiendo, percibiendo la presencia de los Maestros Cósmicos. Sus piernas se aflojaron y cayó al suelo de rodillas, las manos entrelazadas y el rostro cubierto en lágrimas.
Con la visión deformada por las lágrimas vio como aquellos seres se acomodaron en sus respectivos lugares y tomaron asiento, sólo uno permaneció de pie, alto, fino, indescriptible. Su voz resonó en todo el ámbito de la catedral, potente como un trueno, pero suave a la vez como el aleteo de una paloma.
- Hermanos muy amados del reino de la luz, venimos a este santo lugar para despedir a un viajero que por sus esfuerzos y su amor, ha alcanzado la iluminación. En las sagradas enseñanzas se indican claramente cuales son las metas que están dentro del jardín de la verdad.  El propósito es conducir al hombre para que pase a través de los grandes portales de ese jardín.
Hasta que no estemos todos dentro del jardín donde florecen constantemente las flores de la verdad y de donde se ha extirpado la cizaña de la falsedad los grandes maestros de esta fraternidad no estarán satisfechos de su obra.
En este jardín no existen las flores púrpuras de la opinión personal, no existen las flores amarillas de los deseos egoístas, no existen las flores de la parcialidad apasionada y de la auto decepción, sino, justamente las inmaculadas flores azules y blancas, flores de la verdad simbolizando la pureza y el conocimiento. Para alcanzar ese jardín nos hemos reunidos de manera de que podamos hacer el viaje juntos.
Recibe pues, hermano forastero nuestra bendición y nuestro apoyo. En los momentos más difíciles de la lucha estaremos contigo. Sigue los senderos que Dios te ha trazado y cuando nos llames allí estaremos. Quiero darte en prueba de nuestro amor, esta rosa roja que simboliza el fuego purificador que debe arder en todos los corazones de aquellos que han visto la luz. Toma, guárdala junto a ti.
Aquel ser luminoso tomó una rosa roja que estaba sobre la blanca mesa.
Lentamente avanzó hacia el hermano y le extendió la flor. El joven tomó la rosa de aquellas manos que se extendían hacia él. Su corazón latió desbocado, aquellas manos eran conocidas, eran las manos de su muy amado maestro jardinero. Levantó tímidamente los ojos y miró aquel rostro iluminado. Si, allí estaba su maestro, el humilde jardinero, cuanto tiempo juntos y él ciego, sin comprender que aquel era el Iluminador.
Aquellos ojos y aquel rostro fueron lo último que vio. Cuando despertó estaba tendido en la nieve, blanca, inmaculada. Se encontraba cerca de un poblado. Miró ansioso buscando las paredes del monasterio, buscando a sus amigos. Nada había. Estaba solo en medio de aquella blancura desmembrante.
Se incorporó despacio y a su lado vio una mancha roja, la levantó en sus manos. Era una hermosa Rosa Roja...
 
Que la PAZ profunda y la LUZ del profundo entre en sus corazones.


 
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